Una vez presentada la ciudad, es hora de mostrar, en un brevísimo resumen, el lugar llamado MOAS, (unas siglas en finés que vienen a significar apartamentos para estudiantes). Es aquí donde habría de pasar los nueve meses que duraría mi estancia Erasmus, desde el día uno de Septiembre de 2013 hasta el 31 de Mayo de 2014, así quedaba claramente especificado en el contrato.
Aunque ya algo había visto por algún que otro foro, algo me habían comentado los que ya estuvieron allí, yo, de naturaleza digamos que sorpresiva, preferí dejar eso de conocer el lugar a lo inesperado. Nada más llegar, acompañado por mi tutora, Olga, y tras responder al cuestionario de ésta sobre cosas que debería tener antes de hacer la llamada al conserje, hice la llamada.
Quiero dejar aquí por escrito ese cuestionario del que, y modestia a parte, puedo sentirme orgulloso. Esto es, porque un servidor suele ser de los que deja mucho para el final, y, como ya se sabe, cuando se hace eso, siempre se suele quedar algo atrás. Pues bien, el cuestionario en cuestión constaba de:
-Pregunta 1: "¿Trajiste los 10€ en efectivo para pagar al conserje?" a lo que respondí con un "Sí, por supuesto", de hecho había guardado esos 10€ en un lugar de la cartera que nunca uso, para que así no los gastase sin quererlo.
-Pregunta 2: "¿Quieres que vayamos al supermercado para que compres comida para esta noche?" "No", dije yo, "pues ya la traigo conmigo desde Helsinki". Esto es debido a que no gasté la comida que compré para los días que pasé en el apartamento. Ni siquiera caí en ese detalle. Pero mira la suerte estaba de mi lado.
-Pregunta 3: "¿Tienes el número del conserje?", la respuesta no fue otra que afirmativo, había guardado este número hasta dos veces con nombres distintos, y escrito en un papel, por si el móvil se quedaba sin batería. Olga, ante tal ahorro que suponía esto en su trabajo, estaba atónita, decía que era el primero que respondía esto a las tres. Pero aún quedaba una última pregunta.
-Pregunta 4: "¿Tienes el dinero para el famoso "survival kit" o kit de supervivencia, en efectivo, o necesitas que vayamos a por más efectivo?" No podía creerme que también tenía eso preparado, ni yo, ni ella. Decía que era el primero de todos los que llegaba que había cumplido con todo lo que decía la hoja informativa. (Luego somos los españoles...)
En fin, que ante tal derroche de orgullo de mi mismo que debería desprender, no nos quedó más que reír. Ella porque aún no lo creía y yo porque yo tampoco.
Entonces llegó la hora de hacer la llamada al famoso conserje, o "janitor" en inglés, que tantas veces había sido mencionado. Al descolgar, me sorprendió bastante que la voz al otro lado, era de una mujer. No sé porque pero siempre pensé que iba a ser un hombre, y es que con esto de que el inglés no tiene genero, al menos yo, tiendo a llevarlo todo al masculino, y además, que todo el mundo cuando piensa en un conserje, se imagina al típico señor, de una edad tirando a mayor, con las llaves colgadas de la cintura. Pero no fue éste el caso.
La señora, a la que entendí un poco regular, dijo que en quince minutos estaría por allí. Y así fue, no pasaron ni quince cuando ya la vi llegando en aquel pequeño coche, que al ver a esta salir, deduje que debía ser a proporción de su tamaño. Debía ser una de las mujeres más pequeñas que habría en Finlandia. De unos cincuenta años, pelirroja, y con cara de seria, me saludó muy fríamente aquella señora que rápidamente me preguntó si yo era Carlos García, y seguidamente me dijo que mi apartamento era el número 27, y que estaba en la segunda planta, que es la siguiente a la planta baja, que en Finlandia es 1, y no 0, como en España, más adelante me di cuenta que los "raritos" en ese tema, éramos nosotros con respecto a otros países europeos.
Allí que nos dirigimos los tres, a primera vista el edificio estaba un poco mal cuidado, poco bastante, y no demasiado limpio, además de que no era muy nuevo, por así decirlo. Además no era lo que puede considerar como un edificio cerrado, como más adelante veréis en las fotos, era todo abierto. No le di mucha importancia, soy de fácil adaptación, pero, no negaré que cuando abrió aquella puerta azul, me cambió la cara por completo, al ver que el apartamento no tenía nada que ver con el exterior, como siempre, no hay que juzgar por las apariencias.
El apartamento, aunque en algunos aspectos algo antiguo, estaba limpio, y con muebles nuevos, y a primera vista muy acogedor. Al vivir yo solo, mi apartamento en MOAS 1, era individual, lo que suponía una especie de estudio, con cocina dormitorio, y "salita de estar" todo en el mismo espacio. El baño eso sí, a parte.
Tras entrar, la señora, que nunca aprendí su nombre, me explicó todo los pormenores del piso, riesgos, como cuidarlo, hasta me dijo las veces que debería limpiar, no dejó un cabo suelto. A lo que tras eso, muy directamente y sin rodeos, además de forma muy seca, añadió, "son 10€". Inmediatamente los pagué, luego me daría cuenta que esa señora cada mínima cosa que necesitases y tuviese que venir, implicaba unos 10€ de desembolso. Por lo que te replanteabas seriamente si hacerlo.
Se despidió tras esto, y dejándonos a Olga y a mi, se marchó. Olga me hizo la broma de "janitor on 10" en lugar de "janitor on call" que era como se denominaba a este servicio del MOAS. Añadir que si hubiese llegado en horario laboral de oficina, no un domingo este paso lo hubiese resuelto allí, y de forma gratuita. Pero no fue el caso. Para los que vayáis, tratad de ir de lunes a viernes, y por la mañana.
Después fuimos a por el kit de supervivencia.
Bueno en cuanto al MOAS, decir que el complejo de mi zona eran 7 edificios, más un hotel, que no era más que otro edificio de estos hecho hotel. Siendo los MOAS uno y dos, los que poseían mayor cantidad de estudiantes erasmus, pues los suelen reconcentrar todos allí, y los seis y siente los que se componían mayoritariamente de rusos, así como el cinco, aunque este estuvo de reformas la mayor parte de mi erasmus. Y, además, los MOAS uno y dos eran los que quedaban por renovar, toda una suerte.
Entre cada dos había una especie de jardín, que nosotros llamábamos "yard". Donde además de hacer barbacoas, era el lugar de quedada por excelencia de toda persona que viviese allí. Lo bueno de este sitio, es que estaba rodeado de bosque, y eso, para una persona de la campiña norte de Jaén, que en pocos bosques está acostumbrado a vivir, era cuanto menos genial. Grandes pinos que poblaban todo el alrededor, y hacía que mirar por la ventana, aunque era siempre el mismo paisaje, nunca resultase aburrido. Pues no hay que olvidar que Finlandia es un país de cambios, y en la naturaleza era donde más podía apreciarse a lo largo del año.
Vistas desde mi ventana.


