martes, 14 de enero de 2014

Erasmus. Una nueva etapa en tu vida.

Pese a ser un poco tarde para hablar de ello, pero es necesario pues es este el hecho que me ha motivado a crear este blog. Es por ello que hay que mencionar todas y cada una de las cosas que desde un principio me han ido ocurriendo, para que así sea más sencillo entender las que pasan ahora así como las que están por venir.

Es por tanto que nos tenemos que situar en el 28 de Agosto de 2013, fecha en la que emprendí una de los mayores cambios, o porqué no,  locuras, que he hecho en mi vida. Ese fue el día en el que empezó mi etapa como estudiante Erasmus.

Por mucho que os digan, para mí la ida fue dura, nunca creí que me pasaría lo que viví, pero así fue. Aquel día que aparecía rodeado en el calendario, que tan lejano parecía a principios de verano, había llegado. Era hora de tomar la maleta, despedirme de todos aquellos que me apoyaban y querían,  montarme frente a mi casa en el coche de viajes largos, como llamo yo al coche de mi tía, e irme a Málaga para coger el avión a las 6:00 de la mañana.
Todo bien, salvo alguna que otra complicación para encontrar la entrada al aeropuerto todo hay que decirlo,  hasta el momento en el que me vi montado en ese asiento junto a la ventana, fue ahí cuando me di cuenta que ya no había vuelta atrás, que era hora de afrontar una etapa que no tenía ni idea de lo que iba a suponer para mí, ni tampoco de a qué me iba a enfrentar. Fue ahí donde empecé a valorar a la gente que me había dedicado tantos momentos de despedidas, recordé cada palabra o mensaje que recibí en el móvil. Y señores, ahí la morriña se apoderó de este que os habla.
El avión despegó, y ahí se quedaba Málaga, esa ciudad a la que tanto quiero y a la que debía en parte el hecho de haber tomado la decisión de irme. Pero ahí en esas luces dejaba mucho más, dejaba a personas que, por muchas  telecomunicaciones que haya, iba a tardar en volver a ver. Recordaba la cara de mi madre cuando me dijo adiós en el aeropuerto, esa cara de "ten cuidado" que todas ponen cuando nos dejan de ver por un tiempo. Pero esta vez el tiempo sería más largo que nunca.

Lejos de hacer un drama de esto, volvamos a la realidad, y esta era que allí estaba un servidor, intentando dormir para pasar rápido esas 4:30 horas que había por delante, pero que bien sabía que eso no iba a ser posible. Traté de leer, de escuchar música, pero nada, el nudo en el estómago era mayor de lo que creía y ni me concentraba para lo uno, ni para lo otro. Así que tomé la decisión de ponerme a jugar a un juego chapucero en el móvil que utilizaba para esos casos. A la hora, como es muy de entender, me cansé, vaya que me harté y bien. Todo eso cambió cuando empezó a amanecer, ahí ya se me pasó todo, me quede ensimismado viendo como el sol iba saliendo por encima de ese mar de nubes, y sin pensar en nada, se pasó el resto del vuelo en lo que me parecieron 5 minutos.
Y voilá! ya estamos en Helsinki.

Llegados a este punto es cuando viene la etapa a la que llamo "de duda".  Nada más levantarme para salir del avión, vino el primer enfrentamiento con un aeropuerto por primera vez en solitario. Mi consejo en estas situaciones es el que tu intuición te dice, sigue al que tenías al lado en el avión. Nunca falla, a no ser que este igual que tu, que en eso caso, tomamos la decisión de seguir al montón que van en la misma dirección. Pese a eso, la verdad que el aeropuerto de Helsinki es bastante intuitivo y claro, no tuve que preguntar, ni dude un instante el lugar donde se recogían las maletas.

Antes de nada, lo primero que se debe hacer, informar de que has llegado a toda persona que te ha dicho eso de "avisa cuando llegues" pues de más de una sé que puede estar muy pendiente de esa llamada o, en mi caso, mensaje. Tras eso, me dispuse a tomar algo pues andaba con bastante hambre, y qué mejor que innovar con algo típico, o al menos que no hayas visto en España, (que es lo que se debe hacer vayas donde vayas). Al pasar por la típica tienda de todo un poco, me detuve en unos dulces que tenían una pinta, que es que me llamaban en aquel momento como nada de lo demás. Así que ni corto ni perezoso cogí dos y un zumo como para bajarlos. El precio no lo recuerdo, pero si sé que me parecieron caros, pero no hay que olvidar que ya no estábamos en España.
El dulce en cuestión se llama: "Karjalan Piirakkas" en finés. Cosa que ni me entretuve en averiguar su significado. Y es esto: 
    


Al verlo creí que lo de arriba no era lo que era, sino alguna especie de crema, pero no, pobre de mí cuando tomé aquel primer bocado y descubrí que era arroz cocido y tostado. Y que lo que parecía jugoso a la par que sabroso no era más que algo que a mi parecer, era insípido a la vez que seco. Ahí es cuando te das cuenta que tienes dos cosas en las que pensar, la primera, en no volver a comprarlos, y la segunda , y siempre mirando con positivismo estas cosas, es que ya no la tenía que comprar, pues tarde o temprano la habría comprado. Lección de Finlandia uno, aprendida. Pero como el hambre es el hambre, me los comí para tener algo en el estómago, y la verdad que con el zumo de naranja olvidé perfectamente ese sabor.


Fue tras eso cuando llegó el momento de decir y ahora qué? La verdad que soy bastante previsor y me había cerciorado del bus que me condujese al centro de la ciudad, el problema era, como encontrar la parada de ese maravilloso bus. Y no es que no la buscase no, es que había algo así como 20 paradas y ninguna de ellas tenía el numero de mi autobús. Lo cual me generó la incertidumbre de haberme equivocado al mirar, cosa más que razonable. Ello me condujo de vuelta al aeropuerto, pues en Finlandia, y más concretamente en Helsinki, lo del wifi público y gratuito es una realidad. Allí que me puse a buscar de nuevo todo, con la aplicación de google maps de mi móvil, que más adelante entenderéis porque la nombro. No había cambios, tras comprobar en varios lugares, tenía la misma salida. Entonces, os aconsejo que busquéis puntos de información antes de hacer lo que hice, ya que es más efectivo. Llegó la hora de preguntar por el autobús, era la primera cosa que diría en inglés hablado, y la verdad fue de estas veces que vas ya con la pregunta super preparada para que te salga de forma fluida y con un perfecto acento. El finés al que pregunté me respondió algo que entendí en parte, pero sin lugar a dudas me dijo el número que estaba buscando. Y allí que me planté, media hora más tarde llegó un bus que tras preguntar al conductor para asegurarme, era el correcto. Tenía que esperar 19 paradas hasta llegar, y el ticket se sacaba en una máquina de fuera, cosa que intuí y que el finés al que pregunté trataba de decirme antes.

Llegué sin problema a la estación central de tren de Helsinki. A lo largo del camino, fui poniendo el oído para ver como era ese idioma que a mi parecer era de los conjuros que hacen en las pelis de brujas, a la vez de ponerme ojo avizor con toda esa ciudad. En cuanto a la estación, una chulada, es un edificio bastante distinto a lo que estamos acostumbrados  a ver, antiguo, pero perfectamente adaptado a los nuevos avances, en uno de sus lados tiene una plaza que la verdad me encantó. Lo mejor de todo es que el tiempo acompañaba bastante, de hecho aquel día hizo calor. Para que os hagáis una idea la plaza de la que os hablo es esta, con la estación con su torre del reloj, que primeramente me recordó, (punto friki) a la ciudad de Gotam de Batman y no sé porqué.      Ya estaba allí, primer trayecto conseguido. Ahora tenía que buscar un siguiente punto, otra parada de bus que me condujese a las oficinas de mis apartamentos. Donde estaría hasta el día uno de Septiembre que era cuando me abrían la habitación de la residencia en mi ciudad de destino, Mikkeli. Y ahí ya si que fue tarea imposible, si había paradas en el aeropuerto, más aún alrededor de la estación de trenes. Le di como 3 vueltas completas y nada. Pregunté a una amable y seria señora que me dijo tres paradas distintas, cosa que me corroboró otro señor al que pregunte después.
                      

 Fue momento de pensar y valorar. Así que, a ustedes viajeros, os digo, el taxi siempre es una opción salvo allí. Pese a que no dimos con las oficinas a la primera, pues estaban en el lugar donde Dios perdió la chancla, cuando me dijo el precio creí que estaba de coña, unos 40€. Es ahí cuando me prometí que así tuviese que ir andando de las oficinas al apartamento, iría.

Mi llegada a las oficinas fue bastante graciosa, pues estaban esperándome. Cuando la chica me vio, me llamó por mi nombre y me dijo: "Espero que no te haya costado encontrar la oficina." Ahí fue cuando me dio por reír y no decir lo que estaba pensando. Tras unos minutos de papeleo, empezó a interesarse por mi nacionalidad, pues una persona morena además de bastante morena de piel como lo era yo recién acabado el verano, era imposible que fuese del norte de Europa por lo menos. Al decirle que era español, me empezó a soltar palabras en español además de ciudades que me hicieron gracia por el acento tan extraño con el que las decía. Y aquí viene la frase que me marcó, me preguntó que hacía por Finlandia, y al decirle que pasaría el año en Mikkeli, se puso un poco seria y me dijo "¿En serio? Pero ¿Por qué vas allí? Es muy frío!" Que lo diga yo vale, pero que una finlandesa me diga que Mikkeli es muy frío es cuanto menos extraño.
Pero bueno yo lo que quería era llegar al dichoso apartamento ya. La señorita se portó y me dijo como llegar en autobús urbano. Y menos mal, porque el apartamento estaba en la otra punta de la ciudad casi. Tras unas cuantas paradas....Llegué a la calle Merimiehenkatu, lugar deseado desde que me baje de aquel avión. Pese a la entrada un tanto antigua y descuidada que tenía el edificio, así como la escalera del bloque, el apartamento estaba más que bien, nunca creí que lo encontraría tan bien al abrir esa puerta, todo muy limpio y bastante nuevo, además de completamente equipado. A todo esto, eran las 5 de la tarde. Una panorámica de él:



Como allí estaba de paso, no tenía que deshacer maleta solo sacar algo que tenía de comida para meterlo en la nevera, así que me duché para quitarme el sudor de todo el día con la maleta a cuestas, y pese al cansancio, las ganas de ver una nueva ciudad me podían, así que sin dudarlo más, allá que me conduje a descubrir HELSINKI. 

Como frase de este post: De los errores se aprende.


2 comentarios:

  1. Jajaja, así me gusta. Como más se aprende viajando es perdiéndose en el destino....

    Sigo poniéndome al día.

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